La reciente decisión anunciada por la Gobernación del Magdalena y la Alcaldía de Santa Marta de unir esfuerzos para lograr la ampliación y modernización del Aeropuerto Internacional Simón Bolívar constituye, sin duda, una de las noticias estratégicas más importantes para el futuro económico y territorial de la ciudad.
Pensar en la internacionalización de Santa Marta no es un capricho. Es una necesidad. La ciudad ha crecido como destino turístico, como nodo logístico y como centro regional de servicios. Sin embargo, durante años el aeropuerto ha operado bajo limitaciones físicas y operacionales que hoy resultan evidentes frente al crecimiento de la demanda nacional e internacional.
La ampliación de la pista y la modernización aeroportuaria representan, entonces, una oportunidad histórica. Pero también obligan a hacer una reflexión mucho más profunda:
¿Está el POT de Santa Marta realmente planificando el territorio alrededor del aeropuerto con visión de futuro?
La respuesta, lamentablemente, parece ser no.
Mientras el debate público se ha concentrado en la longitud de la pista o en la modernización de la terminal aérea, el POT vigente ha omitido uno de los aspectos más importantes en cualquier modelo aeroportuario moderno: la planificación estratégica de los suelos del entorno aeroportuario. Y ese vacío puede convertirse en uno de los mayores errores urbanísticos y económicos de las próximas décadas.
Hoy, las grandes ciudades del mundo ya no entienden sus aeropuertos únicamente como infraestructuras de transporte. Los entienden como plataformas integrales de desarrollo económico, logístico y territorial.
Los aeropuertos modernos requieren enormes áreas para: expansión futura de pistas, zonas de carga, mantenimiento aeronáutico, plataformas logísticas, hoteles, comercio,parques empresariales, zonas francas, conectividad multimodal, y desarrollos tipo “airport city” o “aerotrópolis”. Es decir, el aeropuerto deja de ser una terminal y se convierte en una centralidad económica regional. Y justamente allí es donde Santa Marta parece estar llegando tarde en su planificación territorial.
El entorno inmediato del Aeropuerto Simón Bolívar posee una condición estratégica extraordinaria que pocas ciudades del país tienen la posibilidad de ofrecer simultáneamente: aeropuerto, puerto marítimo, conectividad férrea, conexión vial nacional, turismo, y potencial logístico-industrial.
La combinación de puerto, aeropuerto y red férrea constituye una de las estructuras logísticas más valiosas que puede tener una ciudad costera moderna.
Sin embargo, el POT no ha reservado, protegido ni proyectado adecuadamente los suelos del entorno aeroportuario para permitir esa transformación estratégica.
Particularmente preocupante resulta el caso de los antiguos terrenos de Prodeco, cuya localización representa una oportunidad única para estructurar una gran plataforma de expansión aeroportuaria, logística y de servicios complementarios.
No se trata únicamente de pensar en más aviones. Se trata de entender que alrededor de un aeropuerto internacional moderno pueden desarrollarse: centros logísticos, plataformas de carga, parques tecnológicos, hoteles, zonas francas, servicios empresariales, comercio internacional, e incluso nuevas centralidades urbanas. Y eso requiere suelo. Mucho suelo.
La experiencia internacional demuestra precisamente que uno de los mayores errores históricos de numerosas ciudades fue permitir que el crecimiento urbano rodeara completamente sus aeropuertos, impidiendo futuras expansiones y generando conflictos permanentes por ruido, movilidad y limitaciones operacionales.
Por eso, los nuevos modelos aeroportuarios del mundo están migrando hacia esquemas de planificación integral del territorio aeroportuario y no únicamente de la terminal aérea. Santa Marta aún está a tiempo de hacerlo. Pero ello exige que la discusión no se limite a una obra de infraestructura, sino que se incorpore de manera urgente al debate de ordenamiento territorial y, particularmente, a la discusión del POT y su modificación.
La ciudad necesita definir si quiere un aeropuerto limitado por el crecimiento urbano improvisado o un verdadero nodo internacional logístico, turístico y empresarial para el Caribe colombiano.
Porque un aeropuerto internacional no se construye únicamente con concreto y una pista más larga. Se construye también con visión territorial. Y esa visión, necesariamente, debe quedar reflejada en el POT.
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